lunes, 23 de julio de 2012

y al final dije adiós...



Y parece que fue ayer que aterricé en Viena...27 de septiembre de 2011...llegué al hostal con ganas de empezar un año en el que parecía no encajar. Solo llevaba 3 días y no queria quedarme más... pero ahora.. creo que ha pasado el año de mi vida. Creo que lo he aprovechado bastante y lo único que pienso es que quiero volver. Quiero seguir viendo todos los días a esas personas que me hacían cada día un poquito más feliz. Esas personas que me han acompañado en este camino llamado Erasmus, un paréntesis en la vida de cada uno en el que disfrutar, reir y llorar como si estuvieras leyendo un libro.

Parece que a la vuelta, todos exaltan este año como si fuera algo único y especial y mejor de lo que fue en realidad, pero no. Fue realmente único y especial. Y no fue mejor de lo que pudo ser, porque no existe ese nivel. El conjunto de experiencias acumuladas han hecho de mí otra persona. Lo que he aprendido allí no lo hubiera aprendido en ningún otro lugar.

He llegado a pensar, después de la tristeza que me ha inundado estos días de vuelta, que hubiera sido mejor que este año no hubiera existido. Pero creo que sería aún más triste no poder ni siquiera recordar todos los buenos momentos, risas, viajes y gente que me ha hecho tan feliz. Podría dar las gracias a muchas personas pero me quedaría corta...

También me acuerdo del momento en el que aterricé en Madrid el 30 de junio. Fue entonces que me dí cuenta que había terminado. Me encontré con Marta. Gracias al cielo por ponerla delante de mí en ese momento. Necesitaba llorar lo que no podría llorar más tarde.
¿Cómo pasó tan rápido?

Necesito respirar, pero sobre todo, volver a veros, poder llamaros cuando quiera, (gracias a BOB), y volver a Grosse Schiffgasse, lo que ha sido mi hogar y mi casa durante 9 meses, 9 meses que recordaré siempre. Porque hay cosas que es imposible olvidarlas, y esta experiencia mereció la pena.